Sobre evoluciones y conciencias
Los estudios sobre la conciencia suelen subrayar que, para que ésta exista, la creencia en un yo es lo más importante. La historia de la evolución es una historia del desarrollo de la subjetividad, una apreciación de la realidad desde una perspectiva cada vez más individualizada.
El yo, entendido como identidad, persona, conciencia de sí mismo, es una creación del cerebro que se descubre a sí mismo.
Básicamente, un organismo adquiere una mente a partir de la actividad de unas células especiales, las neuronas, que se relacionan entre sí mediante impulsos eléctricos. Todo lo que experimenta la mente en este sentido procede de la conversión de señales electromagnéticas (vista), químicas (gusto, olfato) y mecánicas (oído, tacto) en señales eléctricas (sistema nervioso) que provocarán las reacciones químicas apropiadas (hormonas) para motivar una respuesta eficaz al medio (emociones, “emotio”).
Hasta aquí, la mente entendida en su sentido orgánico fundamental, actuando sin saber que existe.
Luego, en su primera fase de conciencia, la mente ya no sólo actúa, sino que adquiere la capacidad de saberse en acción. En palabras del neurólogo Antonio Damasio,
…la conciencia surge cuando a un proceso básico de la mente se le añade un proceso como el sí mismo. Cuando este mismo proceso de identidad subjetiva no se da en la mente, ésta no es, estrictamente hablando, consciente.
(Y el cerebro creó al hombre)
Es una forma de conciencia que sabe que actúa a través de un organismo vivo. Continue reading


