Paul Laviolette y la super-onda galáctica

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En 1983, el astrofísico Paul Laviolette hizo pública su teoría de que el centro galáctico emite ondas gravitatorias de manera cíclica. A este fenómeno lo denominó “super-onda”, y consiste en una explosión de rayos cósmicos que se desplazan siguiendo el curso de una onda gravitacional emitida desde el centro de la galaxia.

En aquella época, nadie podía considerar en serio que la Vía Láctea fuese capaz de emitir radiaciones tan descomunales como las descritas por Laviolette. De hecho, hasta hace bastante poco era impensable. Para empezar, nadie sabía del agujero negro Sagitario A*, cuya existencia se confirmó en el año 2000. Aún así, mucho menos se aceptaba la idea de que los agujeros negros emitieran radiaciones. Pero el caso es que en 2010 se descubrieron las ya famosas burbujas de rayos gamma y, hace apenas unas semanas, la eyección asociada a la misma.

Hasta aquí, los descubrimientos asociados a la emisión de radiación desde el centro de la galaxia. ¿Qué ocurre con la onda gravitacional? 

En física, una onda gravitacional es una ondulación del espacio-tiempo producida por un cuerpo masivo acelerado. Las ondas gravitacionales constituyen una consecuencia de la teoría de la relatividad general de Einstein y se transmiten a la velocidad de la luz. Hasta ahora no ha sido posible detectar ninguna de estas ondas, aunque sí existen evidencias indirectas de ellas.

[...] La amplitud predicha para estas ondas y los efectos observables que podrían producir son muy débiles, de modo que su detección directa es extremadamente difícil. Si existen las ondas gravitacionales su amplitud sería muy inferior al ruido vibracional procedente de otras fuentes. Tan sólo los fenómenos más violentos del Universo podrían producir ondas gravitacionales susceptibles de ser detectadas.

[...]  Se espera poder encontrar ondas gravitacionales producidas en fenómenos cataclísmicos como:

  • La explosión de una supernova.
  • La formación de un agujero negro.
  • El choque de cuerpos masivos como estrellas de neutrones o la coalescencia de agujeros negros.
  • La rotación de una estrella de neutrones inhomogénea.
  • Radiación gravitacional remanente del Big Bang. Este último caso ofrecería datos únicos sobre la formación del Universo en el periodo anterior a la edad oscura del Universo en la que el Universo era opaco a la radiación electromagnética.

(Fuente: wikipedia)

Siguiendo las huellas astronómicas y geológicas, como el estudio de las capas de hielo de Groenlandia, Laviolette y su equipo de la Fundación Starbust consideran que la última super-onda se produjo entre 12.000 y 16.000 años atrás, coincidiendo con los grandes cambios climáticos que tuvieron lugar al final de la última glaciación en la Tierra.

La dificultad para establecer los ciclos estriba en que los efectos de tal seismo galáctico (supongo que habría que llamarlo galactimoto, o algo así…) se prolongan durante cientos o incluso miles de años.

Los científicos estiman que ahora mismo deberían existir una o dos super-ondas en camino desde su origen, a 23.000 años luz de distancia. Y la primera en llegar no debería demorarse mucho. Laviolette se cura de jugar a ser profeta, así que sus consideraciones son que en menos de cuatrocientos años habremos sufrido sus efectos.

[Nota 11 de diciembre, 2012: Acaba de difundirse un vídeo donde se afirma que el físico ha dado la fecha de julio de 2013 para tal evento. Quienes den con el video, escuchen al entrevistado y obvien a la entrevistadora comprobarán que no es así, aunque eso no impide que el rumor termine siendo considerado cierto por quienes viven de dar noticias sensacionales que atraen a las visitas. Laviolette responde a las preguntas sobre la nube cósmica que será devorada por Sagitario A* y explica que no se puede saber nunca de antemano si los efectos de una acción tan concreta pueden ser tan potentes como para afectar al Sistema Solar]

Los efectos de una onda gravitacional son devastadores movimientos sísmicos y erupciones como resultado de la alteración de la malla espacio-temporal. Al mismo tiempo, la radiación que la acompaña generaría todo tipo de efectos electromagnéticos en la atmósfera. No sólo por su impacto, sino por las consecuencias que ejerce sobre el resto de objetos cósmicos.

Así, la proliferación de supernovas, explosiones que ponen fin a la vida de una estrella, coincidirían con el paso de la super-onda, que actuaría como la inyección definitiva en la agonía de estrellas que se encuentran en su fase final.

Hablando de supernovas, una onda gravitacional producida tras su explosión, asociada a una emisión de rayos gamma, serviría para especular acerca de la coincidiencia en el tiempo del gran terremoto de Indonesia y la explosión de una estrella de neutrones en diciembre de 2004. Pero, puesto que aún no se han podido detectar ondas gravitacionales, los desperfectos reconocidos fueron los meramente tecnológicos provocados por la radiación, ya que la sobrecarga en la ionosfera afectó a diversos satélites:

El ataque llegó de improviso, desde la lejana constelación de Sagitario, a más de 50.000 años luz de distancia. Durante un breve instante, apenas un par de décimas de segundo, el 27 de diciembre de 2004 un invisible estallido de energía, equivalente a medio millón de años de iluminación solar, alcanzó la Tierra casi a la velocidad de la luz. Muchos de nuestros satélites dejaron de funcionar al instante, y las capas superiores de nuestro mundo quedaron instantáneamente ionizadas por el súbito impacto de cantidades masivas de rayos gamma.

(Fuente: Ciencia y tecnología)

Tal evento, obviamente, es muy inferior en potencia al que señala Laviolette en torno al centro galáctico.

En cuanto al Sistema Solar, una super-onda sacudiría la heliosfera y agitaría el polvo cósmico hasta el punto de provocar alteraciones en el viento solar, al tiempo que el incremento de energía electromagnética, consecuencia de la emisión de rayos ultra-energéticos, aumentaría la actividad solar.

En una situación así, debido a la alteración del fondo de radiación galáctica, veríamos que el Sol se vuelve rojo y el fondo de estrellas adquiere un tono azulado. Al mismo tiempo, la sacudida sobre la magnetosfera garantizaría su debilitamiento y un movimiento de los polos magnéticos.

Por otra parte, ondas menos intensas serían frecuentes entre los grandes ciclos, de manera que en los últimos dos mil años habríamos asistido a una decena de ellas. De acuerdo a los datos manejados por los miembros de Starbust, la más reciente debió ocurrir hace unos setecientos años.

Resulta curioso que los científicos hayan descubierto que, precisamente, en el siglo XIII tuvo lugar la erupción volcánica más brutal de los últimos siete mil años. Y más curiosamente, a principios de junio, unos científicos japoneses publicaban haber hallado las huellas de un “potente y misterioso” bombardeo de rayos cósmicos en el siglo VIII que carece de explicación:

Ahora, en la Universidad japonesa de Nagoya, un equipo de investigadores dirigido por Fusa Miyake ha encontrado en dos cedros milenarios una tasa espectacularmente elevada de carbono-14 (un isótopo radiactivo del carbono) en los anillos correspondientes a los años 774 y 775 de nuestra era. Lo cual significa que durante ese periodo nuestro planeta sufrió un intenso bombardeo de rayos cósmicos.

Y no es el único caso. Otro equipo de científicos, de la Universidad de Queen, en Belfast, también ha encontrado tasas inusualmente altas de carbono-14 en anillos de árboles que sugieren un evento cósmico de grandes proporciones sucedido alrededor del año 770. Su trabajo, sin embargo, no ha sido aún publicado.

[...] mal que les pese a los científicos, el origen del mayor bombardeo de rayos cósmicos del que se tiene noticia sigue siendo un misterio. “Con nuestros actuales conocimientos -admite Miyake- no podemos especificar la causa de ese evento. Sin embargo, sí que podemos decir que un acontecimiento extremadamente energético sucedió en nuestro entorno espacial alrededor del año 775, sin que la causa fuera una llamarada solar o una supernova”.

(Fuente: Ciencia y Tecnología)

La pregunta que cabe hacerse aquí es: Si resulta un misterio porque tales eventos no cuadran con supernovas o erupciones solares, entonces, ¿por qué no se consideran las posibles ondas emitidas desde el centro de la Vía Láctea tal y como expone Laviolette?

Bien, hay dos grandes problemas. El primero es que estamos ante un científico que propone ideas descabelladas según el paradigma vigente…

El segundo gran problema es que, en los últimos treinta años, Laviolette viene cosechando un buen número de aciertos al usar su paradigma para anticipar fenómenos que luego tienen lugar.

De ello, y de su teoría, hablaremos en otra ocasión con más calma.

Si es que aún no ha llegado la super-onda… está claro…

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