Teoría vorticial, ¿hemos descubierto el lenguaje de Dios?

Versión en PDF

A comienzos de la década del 2000, el científico Russell Moon dio a conocer su nueva versión del Universo en que habitamos, la cual ha ido cobrando forma a lo largo de estos años y que debería suponer la unión definitiva entre física clásica y cuántica, la tan esperada Teoría del Todo.

La llamó Vortex Theory (“Teoría del vórtice” o “Teoría vorticial”). Básicamente, la nueva teoría nos dice que el Tiempo no existe como tal, que se trata de la manera en que se manifiesta el movimiento de todo lo que existe.

Un ejemplo para comprender tal idea surge de imaginarnos que, de repente, se parase absolutamente todo en el Universo y que posteriormente se reanudara el movimiento, ¿seríamos capaces de decir cuánto tiempo duró este parón? La respuesta es no. Tiempo y movimiento serían lo mismo. Al mismo tiempo, Russell propone que invirtamos los conceptos que tenemos asimilados: la materia no está hecha de algo, sino que es vacío, y el espacio no es vacío, sino que está hecho de algo. Es decir, las partículas son agujeros en el espacio y es de esos agujeros de donde surgen las energías que conforman el Universo.

Así que sólo existe el espacio y sus movimientos son los que dan realidad a las cosas. Y tal movimiento se da en espiral, formando vórtices. No hay nada en el Cosmos que siga una línea recta, algo que concuerda perfectamente con la imagen de la Teoría de Cuerdas según la cual la esencia de todo son unos hilos vibrantes de energía.

Según la teoría del vórtice, protones, electrones y neutrones son agujeros provocados por el movimiento vorticial del espacio.

Esta concepción física tiene su representación matemática en las llamadas “matemáticas vorticiales”, cuyo gran padre fundador es el científico Marko Rodin, que ha desarrollado a partir de ellas una aplicación que apunta a ser la gran revolución tecnológica para una nueva era: la “bobina Rodin”.

Las matemáticas vorticiales parten de una nueva idea que hay que tener presente para comprender de qué va esta historia: mientras que en las matemáticas que conocemos los números son usados como símbolos o interpretaciones de la realidad, una herramienta para representar cantidades, en las matemáticas vorticiales los números son cualidades que poseen los cuerpos, en lugar de cantidades.

Es decir, los números no son conceptos simbólicos, sino la realidad misma: puntos o localizaciones que definen el espacio-tiempo. Y la representación de tales puntos se establece siguiendo la espiral del movimiento:

Pon un lápiz en el número 1, y sin levantar el lápiz, muévelo en una línea recta hasta el número 2, luego 4, luego a través del centro al 8. Ten en cuenta que se están duplicando. Así que la próxima debe ser 16, y lo es, pero 1+6=7. Mueve tu lápiz a 7. A continuación, 16 duplicado que es 32, pero 2+3=5. Así que mueve tu lápiz a 5. A continuación, 32 duplicado es 64 y 6+4=10 y 1+0 =1. Y estás de regreso en el 1.  Mueve el lápiz a través del centro y de vuelta hasta el 1.

La importancia del calendario maya es que 64 es un ciclo completo de lo infinito. Entonces empieza de nuevo con 64 duplicado que es 128 y 1+2+8=11, luego 1+1=2. Y así sucesivamente. Nunca saldrás de este patrón a medida que sigas doblando.

Observa el símbolo de infinito que se ha formado bajo tu lápiz, que crea un patrón de repetición constante de 1, 2, 4, 8, 7, 5. Sorprendentemente, esta secuencia numérica también permanece intacta haciendo la mitad de los números.

Empieza de nuevo en el 1, pero esta vez vas hacia atrás en el símbolo del infinito. La mitad de 1 es 0.5, así que mueve el lápiz al 5. A continuación, la mitad de 0,5 es 0,25, y 2+5=7. Mueve tu lápiz a 7. Y la mitad de 0,25 es de .125 y 1+2+5=8. Así que pasa a 8. La siguiente mitad es de 0.125 es 0.0625 y 0+6+2+5=13 y 1+3=4. Así que ve a través de los 4.

Y la mitad de 0,0625 es 0,03125 y 0+3+1+2+5=11 y 1+1=2. Así que pasar al 2. Simpre te mantienes en el patrón del 1,2,4,8,7,5 incluso al revés. Al sustituir los números decimales por su poder (por ejemplo 0,5 = 10, 0.25 = 100, 0,125 = 1,000), verás que la línea se enciende en posición horizontal. El número que está en la izquierda, es el resultado de la suma horizontal de la derecha. Observa cómo el patrón de números 1,2,4,8,7,5 se repite indefinidamente. 

El símbolo ∞ formado por “1,2,4,8,7,5″ es la recreación del mundo físico en que vivimos, el movimiento, mientras que la pirámide “9,3,6″ es un vector, la emanación de la energía que impulsa tal movimiento y que Rodin llama “aetheron”, el componente energético que surge del vacío y que lo traspasa todo sin que nada en el Universo se le resista. Llevado a un plano tridimensional, la figura que se obtiene de este concepto es un toro geométrico:

A partir de aquí, surge la aplicación técnica mencionada arriba, la bobina Rodin. Frente a una bobina tradicional, donde el alambre es enrollado en espiral alrededor del soporte, la de Rodin tiene la peculiaridad de enlazar los alambres siguiendo el patrón vorticial de los números, es decir:

La bobina Rodin consigue así obtener la energía del vacío y proporcionarnos energía libre e ilimitada, sin necesidad de combustibles fósiles ni dependencias energéticas. ¿El sueño hecho realidad? Hemos de temer que no: negación de fondos para la investigación, ridiculización, ocultación…

De momento, los investigadores que se han interesado por esta idea trabajan por cuenta propia en foros de colaboración, ajenos a los obstáculos impuestos y realizando experimentos “de garaje”. Y puesto que este blog tiene que seguir en su línea (hay que suponer que vorticial…) de alejarse de la sensatez, no puedo evitar dejar una pista para amantes de lo esotérico y seguidores de la geometría sagrada.

Si el toro geométrico es la forma que tiene el universo para generar su energía, ¿qué pasa cuando sesgamos dicho toro? Tal que así:

Vesica Piscis, el paso primero del que surge la flor de la vida, la que los sabios antiguos consideraban la figura geométrica de la que nace todo y a partir de la cual todo se expande y se crea… Quién sabe, puede que aquellas civilizaciones “supersticiosas” y fantasiosas estuvieran haciendo su doctorado en la vida cuando, en algún momento, la Humanidad regresó al parvulario…

 

-Para saber más: página web de Marko Rodin

Compartir:Twitter1Facebook28Google+0Email
votar